Una copia, dos mazos que la quieren
Tienes un Rhystic Study. Tu mazo azul lo quiere. El Commander que montaste el mes pasado, también. Las dos listas lo incluyen, y las dos tienen razón: ninguna regla prohíbe que una carta aparezca en varias listas. Lo que ninguna regla puede hacer es meter el mismo cartón en dos cajas a la vez.
Ahí está todo el problema, y es físico. Solo afecta a las cartas que compraste una sola vez a propósito: Mana Vault, Smothering Tithe, The Great Henge, una tierra dual, la criatura cara que tres de tus mazos jugarían encantados. El resto lo tienes repetido sin haberlo pensado siquiera.
Así que la pregunta real nunca es «¿puedo hacerlo?». Es «cuando me siente a jugar, ¿este mazo está completo, o cuatro de sus cartas están durmiendo en otra caja al otro lado de la habitación?».
Opción 1 — La caja de cartas compartidas
Guarda todas las cartas compartidas en una caja dedicada y monta cada mazo a su alrededor. Antes de jugar sacas lo que el mazo necesita; al terminar, todo vuelve. Ninguna carta está nunca «en» un mazo, así que nunca falta en ninguno.
Funciona, y es la primera respuesta honesta cuando tienes tres o cuatro mazos. Cuesta unos minutos de preparación por partida y falla en un único caso: el mazo que llevas seis meses sin abrir. Levantas la tapa y eres incapaz de decir si está listo o si le faltan ocho cartas.
Opción 2 — Marcadores en las fundas
Deja un papelito, una tierra básica o un marcador impreso en la funda de la que salió la carta. El mazo sigue teniendo noventa y nueve cartas, y el hueco se delata solo cuando lo hojeas.
Es gratis y no necesita herramienta alguna. Pero solo te dice que falta algo, nunca adónde fue: suficiente con dos mazos, inútil con siete. Y el día que prestes un mazo, los marcadores serán lo primero que te toque explicar.
Opción 3 — Comprar la segunda copia
A veces es sencillamente lo correcto. Si dos mazos que juegas cada semana quieren la misma carta, una copia extra cierra el problema para siempre, y el Commander es un formato que se juega durante años.
La trampa es convertirlo en reflejo. Comprar otra copia de una carta cara para ahorrarte un intercambio de dos minutos es una forma costosa de resolver lo que en el fondo es contabilidad. Compra cuando lo imponga el calendario, no cuando falle tu memoria.
Opción 4 — Llevar un registro que recuerde por ti
La cuarta opción consiste en dejar de depender de la memoria: apuntar qué mazo tiene físicamente cada carta compartida y dejar que la lista te diga qué falta recoger antes de sentarte. Las listas no cambian —los dos mazos siguen jugando la carta—, pero solo uno la tiene ahora mismo, y puedes ver cuál.
Eso es lo que hace Fetch. Una carta declarada en varios mazos sigue declarada en todos; tú indicas qué mazo tiene la copia en este momento, y todos los demás la muestran como «por recuperar». Abres un mazo que llevabas meses sin tocar y la respuesta es inmediata: cinco cartas que recoger, y aquí está dónde vive cada una.
Cuál te conviene
Dos o tres mazos, jugados a menudo y guardados en el mismo sitio: la caja compartida basta, y lo demás sobra. Cinco mazos o más, o mazos que duermen meses entre partida y partida: necesitas algo que sobreviva a tus propios olvidos, es decir copias extra para el puñado de cartas de las que no puedes prescindir, o un registro escrito.
No son excluyentes, y casi todo el mundo acaba con una mezcla: una caja para las cartas compartidas, copias extra para las dos o tres que circulan cada semana, y una lista para el resto. Lo que no funciona es la cuarta combinación: ni caja, ni copias, ni lista, y un mazo que descubres incompleto con la partida ya empezada.